Descripción
…Y yo, desolado, como la kasbah, los miro, pero avergonzado ante el ingrato menosprecio y el prepotente comportamiento que muestran estos turistas, y consternado también por sus groseros modales y gestos sarcásticos con los que han saludado al espíritu imperecedero de estas ruinas, que los ha recibido con la muda sonrisa de tantos años en silencio.
…Y me sentí triste porque llenaron mi kasbah de alboroto, rompieron la calma y me despertaron del dulce sueño que envolvía mi mente y me impidieron vivir la fantasía. Y de nuevo me sentí en la ciudad, en la plaza de D’jemà-el-Fna, enjaulado como los pájaros, las tortugas, los monos y los camaleones de aquel rufián que me porfiaba, una y otra vez, que sus animales habían nacido en la jaula.



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